Desafío... Gracias por tu provocacionDesafío quiere decir “retirar (te) la fe”, hacer que pierdas la confianza.

Es una provocación a nuestra seguridad, con la que sentimos que nuestro mundo se des-estabiliza.

Es interesante tener en cuenta que dentro de la emocionalidad de esta palabra, surge en nosotros la necesidad de contestar, de accionar, de hacer, de intentar.

Si bien, hay personas a las que los desafíos las sacan del juego de la vida, esto no importa para que el significado de “Desafío” sostenga esa velada incitación a responder. Y esto es lo magnífico de su existencia.

Vos podés estar en un extremo o en el otro. Ser de los que los desafíos te azuzan a avanzar en la vida y logran su cometido cuando ejercitás tu respuesta, o podés estar en el otro, en el que están aquellos a los que los desafíos los sepultan con el miedo, pero el desafío no pierde su brillo potenciador de caminantes ganadores.

¿Cuál es tu respuesta frente a los desafíos?

¿Sentís que tenés que responder y lo hacés o sentís que tenés que responder pero no podés hacer nada?

¿Qué te provoca encontrarte con esta palabra?

¿Miedo o Motivación?

 

 

 

Los desafíos son un llamado a vivir, a vivir con plenitud, a perder miedos, a transformarnos en lo que queremos ser.

 

Cada vez que enfrentamos un desafío existen dos posibilidades, que logremos superarlo o que no lo logremos.

¿Implica no lograrlo, un fracaso?

¿Cómo lo ves vos?

Para mí, lograr un desafío me hace sentir que crecí, que avancé, que aumentó mi fortaleza y mi aprendizaje.

No superarlo me hace sentir que crecí, que avancé, que aumentó mi fortaleza y mi aprendizaje.

¡Sí, no hay error en esto que acabo de escribir!

El desafío cuanto más alto y potente, más posibilitador de crecimiento y aprendizaje.

Siempre que respondamos a él, tenemos posibilidades en la vida.

¡Amá los desafíos!

Y permitite sentir miedo pero no permitas que el miedo sea el conductor de tu vida, atravesalo y respondé al desafío.

Creo que cada día que vivimos representa desde que nos despertamos un nuevo desafío, y estará en cómo accionamos con y en él, el resultado que consigamos para nuestras vidas.

 

No somos Stephen Hawking, quien –como muchos otros- aparece con un genio que lo coloca en un escalón diferente, pero somos todos –él también- seres humanos con una vida que es nuestro mayor tesoro. Podemos identificarnos con su frase salvando las distancias.

 

Existen dos grandes apartados dentro de los desafíos…

Los que nosotros decidimos tomar que pueden nacer de nosotros mismos ante determinadas circunstancias o provenir de alguien que nos lo plantea, y los que la vida nos presenta y aunque no podamos decidir, sabemos que es necesario atravesarlos, no por obligación simplemente, sino por nuestro crecimiento personal y emocional.

Aquí es el momento de acudir prestamente a nuestra habilidad proactiva para la cual, es fundamental nuestra interpretación frente al quiebre:

Podemos pensar que nos están retirando la confianza y la fe y reaccionar –en vez, de accionar- negativamente y hasta con enojo. Tanto sea que la vida nos esté desafiando –y ahí surgirá el “¿Por qué a mí?”- como que alguien nos lo esté planteando. ¡Atención! Porque también tenemos que recordar, especialmente, nuestra valía porque los desafíos se presentan a quiénes tienen la capacidad de responder a ellos.

 

He leído una frase que me encantó…
           

El peor destino para un hombre es pasar sin llamar la atención, como una sombra.Vos ¿qué opinás?

Y te adelanto, que en mi interpretación no juega para nada, la soberbia ni el orgullo.

 

Desafiate para crecer, para transformarte, para ser mejor persona, para ser más gente.

Mirate a un espejo y preguntate: “¿Te animás?”

¿Qué te pasa cuando alguien te lo dice?

 

 

Habrás escuchado muchas veces: “Todo tiene que ver con todo”. Prefiero ser más específica:

El Ser Humano es una holística de Cuerpo, Lenguaje y Emoción y el centro del conjunto, está ocupado con todo su brillo por tu Espíritu. Por eso, diciéndolo coloquialmente, “Todo tiene que ver con todo”.

Cuando el desafío te lo presenta la vida, cuando no podés decidir, cuando sentís por tu engrandecimiento personal que tenés que involucrarte en él puede haber un momento, en el que después de haberlo intentado todo, ya no te quede nada por hacer porque ya no queda nada bajo tu control.

Ese es el momento en que tu espíritu será tu apoyo y confort porque será la oportunidad de soltar y confiar en tu proceso. Antes, siempre hay que responder y hacer.

 

Un día, un viejo campesino fue a ver a Dios y le dijo: “Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: no eres campesino. No conoces ni siquiera el ABC de la agricultura, tienes algo que aprender”.

Dios dijo: “¿Cuál es tu consejo?”

El granjero contestó: “Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo creo y veamos qué pasa. La pobreza no existirá más”.

Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente, pidió lo mejor y solo lo mejor: ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano. Todo fue confortable, cómodo y él era muy feliz.

El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Ese año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.

El trigo crecía tan alto que el campesino fue a ver a Dios y le dijo: “¡Mira! Este año tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en diez años, aun así tendremos comida suficiente”.

Pero cuando se recogió la cosecha, los granos estaban vacíos. El granjero se sorprendió. Le preguntó a Dios: “¿Qué error hubo? ¿Qué paso?”

Dios dijo: “Como no hubo desafío, no hubo conflicto ni fricción, como tú evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios porque sacuden el alma dentro del trigo”.

Por el placer de compartir


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