coaching y exito rita tonelliEl “Oráculo de Omaha”, Warren Buffet, apodado así por su ciudad natal, es uno de los tres hombres más ricos del mundo.

Hoy quiero compartir con vos aspectos de su vida que hablarán por sí mismos para que puedas comprender por qué llegó a donde está y principalmente para que puedas ver por qué tener tu Coach Personal -como casi todos los más altos ejecutivos y hombres de negocios- es una herramienta poderosa y efectiva. Él no lo tenía (no sé si ahora, sí) pero son pocos los iluminados e intuitivos para el éxito personal y comercial –casi espontáneo-,  y muchos los que podemos lograr serlo con la guía del Coaching Ontológico. 

1.- Compró su primera acción a los 11 años y se lamenta de haber empezado demasiado tarde. El Coaching Ontológico postula una nueva educación desde el aprendizaje de segundo orden o transformacional con el cual se logra un desarrollo ordenado correctamente: primero, Ser, para luego, Hacer y para por fin, Tener.

2.- Compró una pequeña granja a los 14 años con sus ahorros, provenientes de repartir periódicos. El Coaching Ontológico postula el aprendizaje experiencial desde la edad más temprana.

3.- Todavía vive en la misma pequeña casa de 3 cuartos en Omaha que compró luego de casarse hace 50 años. Él dice que tiene todo lo que necesita en esa casa. Su casa no tiene ningún muro o reja. “Ser importa más que Parecer”, es la postura del Coaching Ontológico.

4.- Su compañía, Berkshire Hathaway, es dueña de 63 compañías. Él le escribe sólo una carta cada año a los CEOs de estas compañías, dándole las metas para el año. Nunca convoca a reuniones o los llama regularmente.

Él le ha dado dos reglas a sus CEOs:

• Regla número 1: No perder nada del dinero de sus accionistas.

• Regla número 2: No olvidar la regla número 1. El Coaching Ontológico sostiene que las Reglas Del Juego (de cualquier juego) son fundamentales y que si las reglas están claras y se aplica la delegación en su correcto proceso: Enseñar, Dejar Hacer y Supervisar, todo funciona.

Bill Gates, el hombre más rico del mundo, lo conoció apenas hace 5 años. Bill Gates pensó que no tenía nada en común con Warren Buffett. Por esto, programó la reunión para que durara únicamente media hora. Pero cuando Gates lo conoció, la reunión duró diez horas y Bill Gates se volvió un devoto de Warren Buffett.

Ahora veamos, algunos de sus recordatorios:

A. El dinero no crea al hombre, sino que fue el hombre el que creó el dinero. Además de que este concepto se deriva de la ley ya mencionada: Ser, Hacer, Tener, necesitamos tener en cuenta de que el dinero no es un fin en sí mismo como tampoco es un impedimento para realizar nuestros planes y proyectos. El trabajo en una actividad que nos apasiona, en el que tengamos metas claras hará que el dinero venga como consecuencia. Coaching Ontológico. Nuevas Miradas.

B. La vida es tan simple como usted la haga. La simplicidad es un postulado del Coaching Ontológico

C. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo hace sentir mejor. Tenemos la capacidad de elegir nuestros pensamientos, de escuchar a quiénes queramos y de seguir nuestro interior como guía primera y principal.

D. Después de todo, es su vida. ¿Para qué darles la oportunidad a otros de manejársela? El desarrollo del Poder Personal es la columna vertebral del Coaching Ontológico.

Ayude aunque crea que no puede hacerlo… Habrá bendición para aquellos que saben compartir, culmina el magnate.

El compartir es la actitud más poderosa que podemos adoptar los seres humanos. “Partir (de “repartir”) con otros” que es el significado de esta palabra nos permite un crecimiento personal inesperado.

Una muchacha llegó al aeropuerto a esperar su vuelo y como debía esperar un rato, decidió comprar un libro y también un paquete de galletitas…

Entonces fue y se sentó en la sala de espera, para descansar y leer tranquilamente…

Asiento de por medio, se ubicó un hombre que abrió una revista y empezó a leer.

Entre ellos quedaron las galletitas.

Cuando la muchacha tomó la primera, el hombre también tomó una.

Ella se sintió indignada,… pero no dijo nada.

Pensó: ¡Que descarado! si yo estuviera más dispuesta, hasta le daría un golpe para que nunca más se le olvide.

Y cada vez que ella tomaba una galletita, el hombre también tomaba una.

Aquello la molestaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar.

Cuando solo quedaba una galleta pensó: ¿Qué hará ahora este abusador?

Entonces el hombre partió la última galletita y dejó una mitad para ella.

Ah, ¡No!… Aquello le pareció demasiado. Se puso a sudar de rabia, cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector de embarque.

Cuando estaba sentada en el avión, miró dentro de su bolso y para su sorpresa ¡¡¡allí estaba su paquete de galletitas!!!… intacto, cerradito.

Sintió tanta vergüenza… Solo entonces se dio cuenta de lo equivocada que estaba. Había olvidado que sus galletitas estaban guardadas.

El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado. Y ya no había tiempo ni posibilidades para explicar o pedir disculpas…

 

Por el placer de compartir.


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