Auto-exigencia o falta de auto-confianzaauto exigencia o falta de auto confianza

Puedes leer este título como una pregunta o como una declaración. De las dos formas, disparará en ti, un momento de reflexión. Eso espero…

La auto-exigencia puede tener “buena prensa”, en el sentido de interpretar que el que es auto-exigente, es a la vez, responsable, esforzado, buscador de la excelencia.

Sin embargo, me surge la pregunta: ¿Es el auto-exigente un buscador de la perfección?

Si la respuesta es sí, estamos en problemas.

La perfección debe ser una “meta para no conseguir”, a los fines de poder seguir creciendo. ¿Cuál es la “meta a conseguir”? La excelencia. La búsqueda de la excelencia no tiene que presionarnos porque es el resultado de la práctica con la que se persigue en cada intento, una mejora.

 

Cuando algo es perfecto… ¿Podemos seguir mejorándolo?

Y de otra forma: ¿Existe algo que pueda ser perfecto, que no acepte ningún tipo de mejora?

Colijo que la perfección es imposible, y si le agregamos a esto, los conflictos personales que puede llegar a generar su búsqueda, es tiempo de que podamos cambiar nuestra mirada al respecto.

¿Qué problemas personales?

Angustia.

Depresión.

Estrés.

Bloqueo.

Inercia.

Postergación.

Puedo seguir pero creo que es suficiente con estos ejemplos para que puedas visionar el mundo del perfeccionista.

Busca la excelencia, no la perfección.

http://ritatonellicoach.com.ar/excelencia/

 

La auto-exigencia es un espejismo que oculta tu falta de auto-confianza

El auto-exigente busca la perfección. No porque está equivocado, sino porque no se da cuenta de su motivación desorientada.

Buscar la perfección…

Nos hace perder el foco. Nos enfocamos en detalles perdiendo la visión de la meta a alcanzar.

Nos estresamos y angustiamos convirtiendo el camino hacia lo que queremos, en una tortura.

No tenemos en cuenta el alto valor de equivocarnos. La única forma de aprender es equivocarnos. La equivocación es la fuente mayor de aprendizaje que existe.

Postergamos, postergamos y postergamos porque nunca nos sentimos suficientemente preparados para emprender la acción. Nos “devanamos los sesos” tratando de averiguar qué más podemos hacer para hacerlo bien de primera, sin lugar a la equivocación.

¿Termina este juego de dilación alguna vez?

¿Tú qué opinas?

Es como el juego desgastante del indeciso, el que se juega a nivel de nuestras conversaciones internas limitadoras.

Vamos a la práctica… ¿Te parece?

En el caso de un estudiante…

¿Quién le preguntará qué nota sacó en una materia determinada de su carrera para contratarlo como profesional de su rama?

En el caso de un empleado…

¿Qué se tendrá en cuenta al momento de evaluar la realización de una tarea?

¿Las veces que se equivocó para llegar a presentar un trabajo brillante o la brillantez de su trabajo?

(¿Estoy siendo clara?

A ti, perfeccionista…

¿Te centras en lo que tienes o en lo que te falta?

¿Cuentas tus talentos y virtudes o tus errores?

¿Tienes una expectativa positiva o estás esperando un fracaso?

¿Es parte de tu vocabulario el “sí, pero”? (El “pero” anula todo lo anterior dicho/escrito).

 

¿Está mal querer ser el mejor?

¡No! De ninguna manera… siempre y cuando puedas mantener tu equilibrio mental y emocional en el proceso. Y aquí, una salvedad: Para iniciar un camino para el logro de un objetivo, primero necesitas estar equilibrado mental y emocionalmente, no pretender estarlo o llegar a este estado en el transcurso del proceso.

Pregúntate:

¿Qué me molesta de esto que tengo que hacer?

¿Cómo podría enfocarme en esta tarea de una manera tranquila y sintiéndome bien?

¿Estoy ocultando algo? Es decir… ¿Es esto que siento la muestra de alguna otra debilidad mía?

……………………………………………………………………………………………………………..

Y aquí nos enfrentamos (literalmente, damos la frente con eso), con la otra cara de la moneda.

 

¿Cómo está tu auto-confianza?

La confianza, y por extensión, la auto-confianza, es un juicio, y esa es la gran noticia que subyace a este tema, puesto que como tal, podemos cambiarlo con un profundo trabajo de coaching sobre nosotros.

Cuando tu auto-confianza está débil, tu autoestima también lo está.

No crees en tu poder personal, no sientes tu capacidad y por lo tanto, estás limitado para generar habilidades a partir de ella.

Nos auto-exigimos porque nos sentimos débiles, inseguros, y lo hacemos como una suerte de comprobación de que si nos esforzamos –aun hasta límites insanos- podremos recuperar la confianza. Algo así como un auto-engaño que resulta de tener la idea de estar engañando a los demás.

Veamos:

No creo que pueda hacer algo, no tengo confianza en mí, sufro de una gran inseguridad. Entonces, me muestro con una auto-exigencia límite que “da la impresión a los demás”, de que soy el más esforzado, el más responsable, etc. Al que no se le nota que no tiene auto-confianza.

Para recuperar un nivel armónico de acción, necesitamos primero trabajar nuestra auto-confianza. Esa integridad que la misma nos trae, nos liberará del yugo de la auto-exigencia, tan nociva para nuestro Ser.

 

Las personas son como ventanas con vidrios de colores. Resplandecen y brillan cuando el sol está afuera, pero cuando hay oscuridad su verdadera belleza se revela solo si hay luz desde el interior. Elisabeth Kübler-Ross

 

 

 

Dale lugar a tu humanidad, a tu falibilidad y tu valor para equivocarte.

Comienza con un trabajo profundo sobre tu Autoestima. http://ritatonellicoach.com.ar/autoestima-autoestima-autoestima/

Trabaja tu confianza con un Coach.

Prioriza tus necesidades humanas.

La auto-exigencia desaparecerá de tu vida, y con esto, tus angustias y estrés.

 

¿Cómo está tu auto-confianza?

¿En qué medida valoras lo que tienes?

 

La estatua

Cierta vez, entre las colinas, vivía un hombre poseedor de una estatua cincelada por un anciano maestro. Descansaba contra la puerta de cara al suelo. Y él nunca le prestaba atención.

Un día pasó frente a su casa un hombre de la ciudad, un hombre de ciencia. Y advirtiendo la estatua, preguntó al dueño si la vendería.

Riéndose, el dueño respondió: “¿Y quién desearía comprar esa horrible y sucia estatua?»
El hombre de la ciudad dijo: “Te daré esta pieza de plata por ella”. El otro quedó atónito, pero agradado.
La estatua fue trasladada a la ciudad al lomo de un elefante. Y, luego de varias lunas el hombre de las colinas visitó la ciudad y, mientras caminaba por las calles, vio una multitud ante un negocio y a un hombre que a voz en cuello gritaba: “Acercaos y contemplad la más maravillosa estatua del mundo entero. Solamente dos piezas de plata para admirar la más extraordinaria obra maestra”.
Al instante, el hombre de las colinas pagó dos piezas de plata y entró en el negocio para ver la estatua que él mismo había vendido por una sola pieza de ese mismo metal. Kahlil Gibrán

 

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Transición… ¡Caos Bendito!Bendito el caos de la transición

Escuchamos con frecuencia hablar de cambio, de los miedos al cambio, de la resistencia que desarrollamos a él, pero pocas veces, nos enfocamos en ese período en que todavía el cambio no es, ese momento en que no estamos siendo lo que éramos y tampoco somos lo que vamos a ser (esto aplicado en relación a cualquier cambio que nos hayamos propuesto hacer en nuestras vidas)…

Pocas veces nos enfocamos en el Caos de la Transición.

 

            Como podrás ver en mi frase, inserto el caos dentro de la transición porque considero que ella lo genera por la desestabilización que provoca.

            Primero está la decisión de cambiar que aparece cuando sentimos la necesidad de sacar de nuestras vidas lo que ya no queremos. Este es un momento de adrenalina y de conmoción porque estamos dejando atrás lo que hemos estado siendo para comenzar a ser alguien diferente.  Y esto está presente en todo cambio.

            Si te mudas… sucede.

            Si te cambias de ciudad (que es mucho más que mudarte)… sucede.

            Si emprendes un desafío… sucede.

            Si te propones cambiar un estado… sucede.

            ¿Podrías encontrar tú un cambio en el que el caos de la transición no esté presente?

 

            Está siempre presente porque en las acciones externas nos modificamos a nosotros mismos, y dejar de ser quiénes estuvimos siendo para llegar a ser en relación a lo que perseguimos, implica una transformación (cambiar nuestra forma internamente)

           

            Cada vez que nos encontramos en un período de transición crece la duda, la inseguridad, la incertidumbre, el miedo, los cuestionamientos, el sentir que estamos con un pie en una orilla y con el otro en la otra, la inestabilidad nos atrapa.

            Pero la transición ES necesaria.

 

            ¿Cómo atravesarla sin desmayar?

            Ten muy presente tu objetivo. Recuérdalo en forma permanente. Tenlo escrito donde lo puedas leer con solo hacer un pequeño movimiento.

            Piensa en lo que te movió a atreverte, piensa en tu fuerza, en tu determinación, en tus ganas de mejorar.

           

            Tranquiliza tu mente. No te enmarañes en conversaciones internas. Habla, exprésate, pide ayuda, busca que te escuchen, reconoce tu dolor, tu angustia, tu incertidumbre.

            Sobre todo, honra la incertidumbre.

            La falsa idea de que en ciertas circunstancias tenemos certezas no debe obnubilarte. Nada es cierto, nada es seguro. Vivimos en la incertidumbre aunque la disfracemos apoyados por las cosas conocidas que nos rodean. Sin embargo y de pronto… todo puede destruirse… ¿O no?

            Intenta asociar esto con cómo te sientes durante la transición. Recuerda que todo es una cuestión de interpretación y…

 

            Mantente en estado de atención plena (mindfulness). Solo enfocándote desde la atención plena podrás reconocer, distinguir, tranquilizarte, frenar tus pensamientos negativos, quitarle poder a la duda…

 

            Suelo escuchar: “El cambio es difícil” (es frecuente –como ya te dije- que no nos demos cuenta de que el cambio no es tan difícil, sino que lo es “la transición”).

 

            Repito…

            Lo que identificas como “difícil” no es el cambio en sí, sino la transición.

 

            Acciona, acciona y acciona… Cada vez que te quedas sin hacer, resurgen los miedos.

 

            Extrañar lo que se deja

            Esto sucede si algo o alguien se queda pero no es parte de tu cambio, sino que la separación es momentánea y en función de lo que se quiere lograr.

            Y también sucede –curiosamente- con lo que hemos dejado y ya no queríamos para nosotros…

            ¿Estamos sin cordura?

            No, no lo estamos. Lo que sucede es que los duelos son inevitables… aún el que desarrollamos con lo que queríamos apartar.

            Sobre todo al principio, nos asaltará la pregunta: “Pero… ¿No era que yo no quería más esto para mí?”

            Cuando lo has meditado y tu decisión es el resultado de tu análisis, pronto, te darás cuenta de que la serenidad vuelve y sentirás la satisfacción de haber logrado lo que te proponías.

 

            La transición es fáctica… no se puede evitar. Está allí y es parte integrante de ese pasaje a tu Ser Grande. De hecho “transición” quiere decir “paso”.

 

            Yo sé que tú sabes a qué me refiero cuando hablo del Caos de la Transición. Tú has sentido en esos momentos un desasosiego incontrolable, angustia, tensión, ganas de llorar y de pronto, un poco de paz, pero si nunca lo sentiste, te animo a pensar en un adolescente cuando siente las carencias de no ser más niño y todavía no ser adulto.

            La revolución interna es buena, dijo Krishnamurti… y a ti te parecerá arduo encontrar la bondad de este estado.

            ¿Por qué es buena?

            Porque precede a la concreción de lo que estás buscando desde que decidiste el cambio.

            Porque cuando se producen los cambios efectivamente –ya pasaste la transición- entras en tu transformación… y nada hay amigo, como lograr transformarnos, si no, piensa en el gusano que deviene en mariposa. Este es el ejemplo, para mí, más ilustrativo de la maravilla de la transformación.

 

            Y por otro lado, te animo a pensar en tu calificativo de “difícil” aplicado ya a la transición.

            Difícil… ¿Comparado con qué?

            Difícil… ¿Vale que así lo sientas en relación a lo que vas a conseguir?

 

            Y durante todo el proceso, quiérete mucho y trátate bien. Estás haciendo lo mejor que puedes.

 

            Dejate “absorber por el viento”

 

            Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas. Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:

“El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río”

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto. “Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino”

¿Pero cómo esto podrá suceder?

“Consintiendo en ser absorbido por el viento”.

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?”

“El viento”, dijeron las arenas, “cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”

¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.”

¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

“Tú no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz. “Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.”

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó – ¿o le pareció?– que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia.

Reflexionó: “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad“.

El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron:

“Nosotras lo sabemos…porque vemos suceder esto día tras día, y porque nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña”.

Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas

 

Anónimo

 

           

            Por el placer de compartir.

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Hacerte cargo solo de ti mismo es la fortaleza que necesitas desarrollar para disfrutar cada día, una vida mejor.Hacerte cargo solo de ti mismo

En el mundo de las relaciones –el ámbito necesario para construirnos y crecer- se puede observar todo tipo de interacciones que con claridad, nos permiten aprender.

Recuerdo ahora, la trama de la película “Agosto”, donde se recrean conflictos de una familia que realmente, podría ser la de cualquiera que conocemos, aun nuestra propia familia. Esto se debe a que ellos –los conflictos- son de responsabilidad  auténticamente humana.

Vínculos humanos

A algunas personas les cuesta mostrar sus sentimientos, en forma natural y expresa. Esto hace que se produzcan numerosas suposiciones y que sobre su base, se cree todo un entramado de pensamientos, llenos de juicios que vertiginosamente, llevan a obstruir las relaciones.

Suele haber mentiras y situaciones ocultas, y también… creencias. Cada uno de ellos, suposiciones, juicios, mentiras, situaciones ocultas y creencias hablan de una comunicación defectuosa sobre bases inestables.

Por un lado, creo que necesitamos ser capaces de identificar personas que con falta de intuición –y responsabilidad en sus vínculos- hieren los sentimientos de los demás. Y si bien, podemos decir que no lo hacen a propósito, también podemos decir, que no cuidan su forma, y solo son capaces de lamentarse, una vez que se produjo el estallido.

 

Están los que…

Hablan y hablan sin parar aunque su interlocutor conteste con monosílabos o muestre su apuro en irse.

Quieren confortar a otros y lo que dicen y la forma en que lo dicen termina en un grotesco.

Irrumpen en la conversación de los demás dando su opinión, poniéndose como centro de la misma y discutiendo con los originales conversadores.

Hacen bromas inoportunas.

 

Esto es tema de la inteligencia emocional y como el mismo Daniel Goleman nos dice:

Las personas no expresamos verbalmente la mayoría de nuestros sentimientos, sino que emitimos continuos mensajes emocionales no verbales, mediante gestos, expresiones de la cara o de las manos, el tono de voz, la postura corporal o incluso los silencios, tantas veces tan elocuentes. Cada persona es un continuo emisor de mensajes afectivos del más diverso género (de aprecio, desagrado, cordialidad, hostilidad, etc.) y, al tiempo, cada persona es también un continuo receptor de los mensajes que irradian los demás.

 

Y ahora, veamos el otro lado…

¿Qué parte de responsabilidad -¿qué haces tú?- para que estas personas te tomen a ti para ejecutar estas acciones?

¿Cuánto permites a los demás que se toman estas libertades?

¿Cómo está tu autoestima que no pone límites?

¿Cuál es tu miedo que no te permite establecer tus necesidades?

¿Por qué eres objeto de manipulación?

 

En la película, se puede apreciar claramente de lo que te estoy hablando.

Hay momentos en los que “te haces fan” de un bando y al instante siguiente, te pasas al otro. Es imposible que no suceda esto porque nadie es perfecto y aquellos a los que comprendes y puedes justificar, tienen también sus debilidades que te llevan a pensar qué harías tú, en cada una de las situaciones que se recrean.

¿Hay un manual para tener relaciones exitosas?

No lo hay amigo, lo que hay es Principios y Valores, y muchas ganas de reconstruir si destruiste o reconocer tus errores, lo que te da la posibilidad de cambiar y que la relación cambie.

Lo que hay es quererte mucho para poder querer, ser auténtico y poner tus límites, sin entrar en creencias y manipulaciones que te destruyen y destruyen a los demás.

Vamos… que intentar permanentemente ser íntegro e independiente emocionalmente, es el primer paso para construir relaciones sanas.

 

Algunas personas no asumen sus responsabilidades y de esta forma, no logran guiar sus propias vidas porque su enfoque las deja en un contexto de dependencia que no les permite crecer.

Esto que te digo daría la impresión entonces, que el mundo se divide entre responsables e irresponsables, sin embargo, bajo la mirada del Coaching Ontológico que nos permite observar y contemplar más opciones, nos encontramos con que existe un tercer grupo formado por lo que se extralimitan en el ejercicio de su responsabilidad (hacerse cargo).

Estas personas pueden sufrir y pre-ocuparse sin sentido y por otro lado, entrar, sin quererlo, en la falta de respeto por las decisiones ajenas.

Impactante, ¿verdad?

No es infrecuente lo que te comparto. Veamos…

Cuando alguien te dice que hará algo por ti y tú contestas… “No, por favor. ¿Cómo te vas a tomar esa molestia? Te agradezco, pero no quiero.”

¿Qué muestra esto? ¿Estás respetando la decisión del otro o estás pensando que “no sabe lo que hace”? ¿Qué te está pasando con tu capacidad de recibir? ¿Es esta acción que te ofrecen, de tu competencia?

Mi aporte y postura se plantea desde estas preguntas.

¿Qué te provoca que el otro te quiera dar?

¿Sientes culpa?

¿Tiene sentido que te estés ocupando de la responsabilidad del otro?

¿Y si solo te enfocaras en agradecerle?

Y me siento motivada a preguntar… ¿Es que tú no estarías dispuesto a hacer lo mismo por ese otro?

 

Recuerda que no tienes la responsabilidad de hacer feliz a los demás. Los demás se hacen felices a sí mismos. Tú eres el responsable de tus propias emociones y las demás personas de las suyas. Nadie puede controlar tus sentimientos, salvo tú mismo. Yazbave

Y te vas a equivocar, una y otra vez, pero hay que volver a intentarlo. Aquí está la posibilidad de crecimiento.

Para eso estamos viviendo, para aprender todos los días.

 

Y extiendo la palabra “familia” a aquel grupo de afines con quiénes eliges compartir, reír, soñar, llorar y disfrutar.

Por el placer de compartir

Eneagrama… ¡Auto conócete y sé feliz!

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Ahora… “a esta hora” (etimología de la palabra) es parte del hoy, tu único tiempo posible.

Ahora que ya has escuchado y escuchado que “Vivir en el presente” es una herramienta imprescindible para ser feliz. Y es cierto…

Presente. Ahora...

 Pero ¿Cómo vivir en el ahora, en el presente?

 

 Cuando escucho “Voy a esperar el momento adecuado”, acerca del tiempo para una acción, me surge la pregunta: ¿Qué quiere decir “adecuado”? ¿Cuándo puedes estar seguro de que es el momento adecuado? ¿Qué características tiene esa adecuación (que solo sirve para procrastinar)?

              

 El Ser tiene cierta tendencia a hacer esto, en absoluta transparencia, sin darse cuenta. Y lo hace por diferentes razones. Puede ser que sienta miedo a lanzarse, puede ser que realmente “crea” en esto del “Momento adecuado” y puede ser que viva posponiendo para retrasar el momento de ver los resultados de lo que dice que va a hacer.

  No exagero al decir: “viva posponiendo” porque esta acción se transforma en un hábito y podría mostrártelo como un músculo que al menor indicio de tener que ponerse en marcha, da un golpe a esa acción lanzándola hacia adelante (fuera del ahora), y así se repite interminablemente, hasta que te crees que esto es “natural”.

 

 

El resultado no esperado de esta conducta es que nunca hacemos nada…

¿Y para qué sirve “hacer”?

¿Para qué nos sirve en nuestra vida?

Quizás te sorprenda.

 “Hacer” o la “acción” puede ser el “remedio de todos tus males”.

 

 La revolución emocional, el bloqueo direccional, la angustia paralizante, la ambigüedad sostenida, tienen pronta solución emprendiendo una acción. Cualquiera sea. El punto es accionar. Mientras más dilatamos la acción más entorpecidos nos sentiremos ya sea, intelectual, emocional o espiritualmente.

 Cuando se acciona, la concentración de energía que generamos origina un feedback permanente que nos impulsa a romper los estados de dilación.

 No obstante, evita esperar un resultado determinado porque es allí donde intentamos controlar y forzar situaciones y hechos que solo se manifestarán cuando sea el momento. Como la muerte… que “no sucede en la víspera”. Quiero dejar muy claro esto. La idea es que accionemos para destruir nuestros momentos de sufrimiento, y que utilicemos esta técnica siempre que caigamos en uno de ellos. Una especie de herramienta instantánea.

  

 

El plan mágico universal tiene para cada uno de nosotros nuestro lugar y nuestra misión, y si bien, nos corresponde su búsqueda, no debemos ponernos ansiosos cuando la espera parece larga…Mantenerse en acción es la clave. Esperar confiados, la emoción.

 Cuando algo se inicia, hay un panorama amplio y desconocido que nos estimula, y a la vez, nos genera una zozobra que es la que debemos controlar para no perder el dominio sobre nosotros mismos. ¿La forma? Recordar que cada día –cada “ahorasegundo” es el único que importa. No el que pasó, no el que viene. Entonces, la visión de nuestro espacio se transforma solo en una sucesión de esos segundos a vivir con sabiduría: uno a la vez con todo el milagro que nos trae cada uno en su sucesión. 

  Cuando me preguntan qué es el Coaching, podría contestar con esta síntesis: “El coaching es acción”. Y cuando tengo que distinguir su diferencia fundamental con cualquier otra disciplina, podría contestar: “La diferencia está en la acción que tú decides hacer”.

  La acción nos lleva adonde queramos llegar… siempre, pero además –como vengo diciendo desde el principio- es la forma poderosa y curativa de nuestras emociones negativas.

  Existen numerosos ejercicios para cambiar nuestros estados de ánimo, para lograr una mirada optimista de la vida (y todos son maravillosos). No obstante, te sugiero específicamente, cuando te encuentres en algunas de estas disyuntivas, ¡Acciona! ¡Haz! ¡Haz algo! ¿Cuándo?

   ¡Ahora! ¡Ya! Ese es el momento.

   No importa qué. Sí, no importa qué. Recuerda que estás accionando para salir de la inercia de tu estado emocional debilitante.

   ¿Simple? ¡Efectivamente! ¡Muy simple!

   Si es tan simple… ¿Por qué no lo haces? ¿Para qué no lo haces?

   Quizás no puedas creer lo que te estoy diciendo… Solo te pido que te des la oportunidad de intentarlo. ¿De qué otra forma podrías saber si esto es así? ¿Y si te funciona?

   ¿Y si empiezas a tener control sobre las emociones que te dañan?

   ¿Y si empiezas a gestionar tu ánimo tomando el control del mismo?

   ¿Es necesario que algo efectivo, sea además complicado?

   ¿Por qué pensamos en que lo que da resultado, tienen que ser difícil?

 

¡Camina! ¡Muévete! ¡Habla!… ¡Mira video al final! ¡Lo hice para ti hace un tiempo, disfruté enormemente haciéndolo y ahora es uno de los momentos para verlo! 

  ¡Ahora! ¡Es el momento… de accionar para y por ti mismo!

  

Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen.

Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo.

El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor. «Voy a presentarles un problema dijo-. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo».

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: «Este es el problema».

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el vaso con determinación, sacó un machete y lo rompió.

Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean o cuanto nos atrapen, los problemas no están para contemplarlos sino que tienen que ser resueltos, inmediatamente.

 

Siete palabras mágicas

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La mayor de las esclavitudes es ser presa del Apego.

La pez es una sustancia pegajosa (brea) y la etimología de la palabra forma parte de la de otra, “Apego” (tendencia a pegarse).

Apego

 Quiero compartirte un cuento para que empecemos a conversar…

 Un cazador astuto descubrió que a los monos les gusta mucho comer cerezas. Inventó entonces un método muy sencillo para cazarlos: colocó una fruta bien atractiva y apetitosa en el interior de un frasco de vidrio transparente… y lo dejó en la foresta, abierto.

 No tardó mucho tiempo en llegar un candidato hambriento que, decidido, introdujo la mano en el recipiente para atrapar el fruto deseado. Luego, instintivamente, cerró con firmeza el puño con el valioso trofeo y observó, con inesperada tristeza, que no podía extraer el fruto obtenido con su preciso manotazo. La mano cerrada quedaba atascada y no pasaba por la boca del frasco. Estaba presa en el interior… con el deseo alcanzado.

 Detenido el animal en este forcejeo posesivo, no dispuesto a perder su ambiciosa presa, era alcanzado fácilmente por el fabricante de la trampa, quien rápidamente se acercaba al mono, lo ataba, daba un fuerte y preciso golpe en el codo y hacía salir tanto la mano como la cereza; de esa manera dejaba la trampa preparada, intacta, para una nueva víctima golosa.

He puesto con otro color dos palabras que son claves en el apego y el sufrimiento.

La «presa» que persigues y de la que terminas siendo «presa», si se produce el apego.

Lo que motiva el apego es el deseo…

¿Es inconveniente el deseo?              

Depende…

Cuando el deseo es el origen de una motivación ¿es inconveniente?, te pregunto…

Cuando el deseo es el origen de que lo que no consigues se transforme en el obstáculo que frena tu vida por quedarte pegado a eso, o a lo conseguido y perdido, parece que ya no puedes vivir… ¿es conveniente el deseo?

Otro desencadenante del apego es el Miedo.

Miedo a la soledad, miedo a la pobreza, miedo a nuestra luz, miedo al éxito, miedo, miedo, miedo…

Pero el miedo es necesario, para cuidarnos, para protegernos, para evaluar riesgos innecesarios. Lo que sucede es que el miedo es una emoción y como tal no podemos evitarla. Lo que sí podemos, es elegir el estado de ánimo que la sigue. Entonces, con una serena reflexión y conexión con nuestro centro sabio, podremos distinguir cuando el miedo “se ha salido de la sanidad de su existencia”.

Y en los dos procesos, deseo y miedo, reina nuestra mente.

Ramiro Calle (Madrid, 1943), un maestro de la espiritualidad, uno que nos regala estos temas con sencillez y adaptación a nuestra mente occidental, usa a menudo, un cuento hindú, absolutamente revelador…

 Angustiado, el discípulo acudió a su instructor espiritual y le preguntó:

-¿Cómo puedo liberarme, maestro?

El instructor contestó:

-Amigo mío, ¿y quién te ata?

 

 El apego es sustentado por la falta de amor incondicional. Pero ¿Qué es el amor incondicional? La respuesta a esto dependerá de nuestra interpretación y por ende, habrá tantas de ellas como seres humanos hay.

Por otra parte, cada uno de nosotros puede brindarlo de acuerdo a su comprensión y por ende, no tener certeza respecto de su resultado.

La persona que siente que no recibe o recibió amor, pierde su centro. Así comienzan las conductas apegadas…

Vivir para complacer a otros y “obtener” su aprobación y su atención.

Necesidad de los demás para ser feliz.

Decir siempre “sí”…así aparezco como bueno.

Maltrato. Permitir en nuestro entorno personas que sabemos que nos dañan, por no estar “solos”.

 En mayor o menor medida, los seres humanos podemos tender al apego. Pero, si lo traemos a la conciencia, salimos de la transparencia, nos atrevemos a reconocer esa sombra y decidimos hacer nuestra transformación, también podemos des-apegarnos.

 

 Vivir sin apego es…

Amar libremente, no por miedo. Te amo porque quiero, porque tengo ganas y si me amas, disfruto pero, si no, también soy feliz por mi sentimiento.

Vivir sin apego es aumentar mi poder personal. Vivir con apego es entregarlo a otras personas o a las circunstancias.

El Desapego es producto de nuestro trabajo con nuestras emociones y estados de ánimo.

Una vez escuché, una forma de hablar del desapego que me pareció estupenda: “El desapego es la ley de la sorpresa”.

 

¿Que no te gustan las sorpresas? Ve revisando tu exceso de control…

El desapego está íntimamente ligado a la sabiduría de permanecer en la incertidumbre

Desapego no es apatía, es apertura.

Se puede ir hacia la paz si aprendemos a permanecer en la incertidumbre…

Hoy, te deseo que…

Puedas practicar una simple apertura de tu mano, un «dejar ir» de lo que ya fue, de lo que te daña…

 

 

Por el placer de compartir.

 

 

 

 

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        Hay una frase de Dee Hook (fundador de Visa) que es básica para el Coaching.

Autoliderazgo Brad Cohen


Cuando escuchan hablar de «liderazgo», la mayoría de las personas visualizan a un hombre o a una mujer al frente de un grupo de gente, guiándola hacia un objetivo. Difícilmente, caigan en la cuenta de que el liderazgo se debe ejercer sobre nosotros mismos si queremos llegar a ser felices. Asimismo, y como bien lo dice Hook, por si además, quisiéramos estar a cargo de lo que sea.
         Esto es casi obvio si More »

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