Ahora… “a esta hora” (etimología de la palabra) es parte del hoy, tu único tiempo posible.

Ahora que ya has escuchado y escuchado que “Vivir en el presente” es una herramienta imprescindible para ser feliz. Y es cierto…

Presente. Ahora...

 Pero ¿Cómo vivir en el ahora, en el presente?

 

 Cuando escucho “Voy a esperar el momento adecuado”, acerca del tiempo para una acción, me surge la pregunta: ¿Qué quiere decir “adecuado”? ¿Cuándo puedes estar seguro de que es el momento adecuado? ¿Qué características tiene esa adecuación (que solo sirve para procrastinar)?

              

 El Ser tiene cierta tendencia a hacer esto, en absoluta transparencia, sin darse cuenta. Y lo hace por diferentes razones. Puede ser que sienta miedo a lanzarse, puede ser que realmente “crea” en esto del “Momento adecuado” y puede ser que viva posponiendo para retrasar el momento de ver los resultados de lo que dice que va a hacer.

  No exagero al decir: “viva posponiendo” porque esta acción se transforma en un hábito y podría mostrártelo como un músculo que al menor indicio de tener que ponerse en marcha, da un golpe a esa acción lanzándola hacia adelante (fuera del ahora), y así se repite interminablemente, hasta que te crees que esto es “natural”.

 

 

El resultado no esperado de esta conducta es que nunca hacemos nada…

¿Y para qué sirve “hacer”?

¿Para qué nos sirve en nuestra vida?

Quizás te sorprenda.

 “Hacer” o la “acción” puede ser el “remedio de todos tus males”.

 

 La revolución emocional, el bloqueo direccional, la angustia paralizante, la ambigüedad sostenida, tienen pronta solución emprendiendo una acción. Cualquiera sea. El punto es accionar. Mientras más dilatamos la acción más entorpecidos nos sentiremos ya sea, intelectual, emocional o espiritualmente.

 Cuando se acciona, la concentración de energía que generamos origina un feedback permanente que nos impulsa a romper los estados de dilación.

 No obstante, evita esperar un resultado determinado porque es allí donde intentamos controlar y forzar situaciones y hechos que solo se manifestarán cuando sea el momento. Como la muerte… que “no sucede en la víspera”. Quiero dejar muy claro esto. La idea es que accionemos para destruir nuestros momentos de sufrimiento, y que utilicemos esta técnica siempre que caigamos en uno de ellos. Una especie de herramienta instantánea.

  

 

El plan mágico universal tiene para cada uno de nosotros nuestro lugar y nuestra misión, y si bien, nos corresponde su búsqueda, no debemos ponernos ansiosos cuando la espera parece larga…Mantenerse en acción es la clave. Esperar confiados, la emoción.

 Cuando algo se inicia, hay un panorama amplio y desconocido que nos estimula, y a la vez, nos genera una zozobra que es la que debemos controlar para no perder el dominio sobre nosotros mismos. ¿La forma? Recordar que cada día –cada “ahorasegundo” es el único que importa. No el que pasó, no el que viene. Entonces, la visión de nuestro espacio se transforma solo en una sucesión de esos segundos a vivir con sabiduría: uno a la vez con todo el milagro que nos trae cada uno en su sucesión. 

  Cuando me preguntan qué es el Coaching, podría contestar con esta síntesis: “El coaching es acción”. Y cuando tengo que distinguir su diferencia fundamental con cualquier otra disciplina, podría contestar: “La diferencia está en la acción que tú decides hacer”.

  La acción nos lleva adonde queramos llegar… siempre, pero además –como vengo diciendo desde el principio- es la forma poderosa y curativa de nuestras emociones negativas.

  Existen numerosos ejercicios para cambiar nuestros estados de ánimo, para lograr una mirada optimista de la vida (y todos son maravillosos). No obstante, te sugiero específicamente, cuando te encuentres en algunas de estas disyuntivas, ¡Acciona! ¡Haz! ¡Haz algo! ¿Cuándo?

   ¡Ahora! ¡Ya! Ese es el momento.

   No importa qué. Sí, no importa qué. Recuerda que estás accionando para salir de la inercia de tu estado emocional debilitante.

   ¿Simple? ¡Efectivamente! ¡Muy simple!

   Si es tan simple… ¿Por qué no lo haces? ¿Para qué no lo haces?

   Quizás no puedas creer lo que te estoy diciendo… Solo te pido que te des la oportunidad de intentarlo. ¿De qué otra forma podrías saber si esto es así? ¿Y si te funciona?

   ¿Y si empiezas a tener control sobre las emociones que te dañan?

   ¿Y si empiezas a gestionar tu ánimo tomando el control del mismo?

   ¿Es necesario que algo efectivo, sea además complicado?

   ¿Por qué pensamos en que lo que da resultado, tienen que ser difícil?

 

¡Camina! ¡Muévete! ¡Habla!… ¡Mira video al final! ¡Lo hice para ti hace un tiempo, disfruté enormemente haciéndolo y ahora es uno de los momentos para verlo! 

  ¡Ahora! ¡Es el momento… de accionar para y por ti mismo!

  

Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen.

Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo.

El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor. “Voy a presentarles un problema dijo-. Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló: “Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el vaso con determinación, sacó un machete y lo rompió.

Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean o cuanto nos atrapen, los problemas no están para contemplarlos sino que tienen que ser resueltos, inmediatamente.

 

Siete palabras mágicas

Por el placer de compartir

 

 

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