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La zona de comodidad  o zona de confort es el espacio en el que te quedas estacionado engañándote a ti mismo con el cuento de que “estás cómodo y entonces, para qué te vas a mover de ahí.”

 

Muchas personas logran superarla y ponerse en acción pero caen en otra ilusión y es la de que lo que han conseguido es todo lo que hay… y ya está bien.

 

Ahí es donde necesitan darse cuenta de que en la vida, o se avanza o se retrocede pero no nos podemos quedar en el mismo lugar. Lo que significa que si no avanzas, estás retrocediendo porque el lugar al que llegaste no se conserva.

Segunda zona de comodidad

¿Dónde estás en este momento?

 

¿Es dónde querías estar?

 

¿Cuánto tiempo hace que te “estableciste”?

 

 

 

Hablo desde el ama de casa que logró su sueño de formar una familia a un empresario que concretó montar su empresa.

 

¡Qué amplio rango! ¿Verdad?

 

¡Y  sí! Muy amplio…tanto como abarca el género humano porque esta confusión nos puede obnubilar a cualquiera, hagamos lo que hagamos o estemos siendo quienes estemos siendo.

 

¿Tengo que cambiar de profesión, Rita?

 

¿Me tengo que separar de mi marido?

 

 No, amigo. No se trata de eso… De lo que se trata es de tomar conciencia de que el aprendizaje no termina nunca, y de que si ya aprendiste lo que querías aprender… es necesario seguir aprendiendo.

 

Observo a muchísimas personas que están adolesciendo de esta debilidad y no se están dando cuenta.

Claves para darnos cuenta

 

No importa lo bueno que seas en algo, siempre podrás mejorar.

 

 Las conductas que adoptan son también, producto del auto engaño, del auto sabotaje que eligen para no hacerse cargo. ¿Lo más grave? Que este es un mecanismo que sucede en transparencia (automático) y por ende, a no ser que se paren y se hagan preguntas acerca de lo que están haciendo, de cómo están actuando y se atrevan a ver lo que realmente los está guiando, seguirán así hasta que, como un mueble en desuso, tengan que reconocer que se quedaron en el tiempo y en otra etapa de sus vidas.

 

Cuando digo “Segunda” zona de comodidad, puede ser también, tercera o cuarta, etc. Siempre que creas “que ya hiciste lo que tenías que hacer”, “que ya nadie sabe más que vos”, “que ya no hace falta que te vuelvas a mover”, estás en una posterior –llamémosla así- zona de comodidad a una que atravesaste antes.

 

 

La mejor manera de hacerse viejo pronto consiste en dejar de aprender cosas nuevas. Anónimo.

 

Y este “hacerse viejo” no se refiere a la edad solamente o al estado de tu cerebro, sino también al lugar que ya conseguido, se ha vuelto confortable, y nuevamente te niegas a salir de él.

 

 ¿Observas a colegas que proponen cosas que tu siempre “ya sabes”?

 

¿Te gustaría hacer un curso pero no querés mostrar que te falta aprender?

 

¿Sientes que tienes un lugar consolidado y ya no hay nada que puedas esperar en cuanto a una mejora de tus habilidades?

Superando las zonas de comodidad

Si lograste superar tu zona de comodidad, desprenderte de sus tenazas, si te permitiste arriesgarte e ir por más, te recuerdo que toda la vida es un…

 

 ¡Vamos por más!

 

 

El aprendizaje debe ser un proceso de toda la vida, no un proceso que termina cuando uno logra alguna medida de reconocimiento. Cuando uno cree que sabe todo lo que tiene que saber, es improbable que pueda mostrar de nuevo, creatividad verdaderamente significativa. Robert J. Sternberg

 

 Esto me recuerda  esa frase “No dormirse en los laureles”. ¿La escuchaste alguna vez?

 

Esto tiene que ver con que no hay éxito duradero, lo que hay es una entrega y una capacitación permanente.

 

¿Por qué algunas actrices y actores contemporáneos de otros, han sido olvidados mientras que, esos otros crean éxitos todos los días?

 

¿Cuántas veces te preguntaste. “¿Qué habrá sido de…?”

 

Lo mismo sucede con tu vida. ¿Te sorprende saber de algunas personas que han hecho cambios, que han avanzado, que están activos y son parte del mundo actual (en lo relativo a, estar informados, aprender competencias nuevas, adaptarse a los cambios, etc) y ver a otros “que están peor que cuando eran jóvenes”. Esta última fue la frase que escuché ayer y generó esta reflexión en mí.

 

Este es un pequeño cuento de cómo nos engañamos pensando excusas para no salir de nuestra zona de comodidad:

 

Angustiado, el discípulo acudió a su instructor espiritual y le preguntó:

 

– ¿Cómo puedo liberarme, maestro?

 

El instructor contestó:

 

–Amigo mío, ¿y quién te ata?

 

 Por el placer de compartir.

 

 

 

Segunda Zona De Comodidad –
CC by-nc-nd –
Rita Elma Tonelli

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